Día 1: El gran despegue y las primeras aventuras
El esperado 14 de junio finalmente llegó. Nos reunimos en el aeropuerto con una mezcla de nervios y emoción, listos para comenzar con el proceso de chequear nuestras maletas y recibir las tarjetas de embarque. Tras los abrazos de despedida con nuestras familias y la clásica foto grupal de rigor, cruzamos el control de seguridad sin mayores contratiempos. Aprovechamos los últimos minutos en suelo nacional para comer algo en grupos y, ahora sí, abordar el avión rumbo a nuestra primera escala: Brasil.
El primer vuelo transcurrió con total tranquilidad. Sin embargo, al bajarnos del avión tuvimos el primer microinfarto del viaje: a uno de nuestros compañeros se le había quedado el pasaporte a bordo. Por suerte, reaccionó rápido, regresó a la cabina y lo recuperó.
La dosis de adrenalina continuó en el control migratorio, donde un pequeño enredo con los check-in de algunas compañeras amenazó con retrasarnos. Afortunadamente, nuestro profesor lo solucionó en un abrir y cerrar de ojos. Con el problema resuelto, nos organizamos para comprar algo de comer y beber mientras esperábamos la apertura de la puerta de embarque para el plato fuerte: un vuelo de 11 horas directo a Europa.
¡Bienvenidos a Alemania!
Al aterrizar en tierras alemanas, sentimos el alivio de haber superado lo más pesado del trayecto. Spoiler: nos esperaba una monumental fila de dos horas en el control policial. Lo bueno es que, para cuando logramos pasar, el destino nos compensó: nuestras maletas ya estaban fuera de la cinta, listas para que las recogiéramos.
Una vez fuera del aeropuerto, comenzó nuestro primer gran desafío en equipo: encontrar el bus. Había decenas de buses estacionados y ninguno parecía ser el correcto. Por suerte, una de las compañeras recordó el lugar exacto donde solían recoger a los estudiantes en viajes anteriores. Mientras ella y el profesor iban a verificar la zona, el chofer contestó el teléfono y confirmó que nos esperaba justamente ahí. ¡Misión cumplida!
Un merecido descanso
El bus nos llevó directo al hotel, donde nos reconfortamos con una rica cena. Para cerrar con broche de oro este intenso día y estirar las piernas, dimos una pequeña caminata nocturna por los alrededores acompañados por nuestra profesora.
Disfrutamos de un delicioso helado y regresamos al hotel para ir a nuestras respectivas habitaciones a dormir. El viaje apenas comienza, ¡y ya promete ser inolvidable!



Comentarios
Publicar un comentario